Resumen: Idea e historia de la filosofía de la cultura, David Sobrevilla (2019)

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Mauricio Pastrana Macías

El texto del filósofo peruano David Sobrevilla hace un recorrido histórico de la evolución del concepto “cultura”, desde sus orígenes etimológicos hasta su problematización filosófica, así como las diferentes contestaciones que han hecho los filósofos a los problemas relacionados con su significado, fundamento y alcance. La palabra cultura proviene del latín colere, que significa cultivar. Después de mencionar esto se hace una distinción entre su significado directo (que sigue vinculado a cuestiones de agricultura), y el figurado, entre los cuales se incluyen el sentido objetivo, histórico, antropológico y subjetivo; y, por nombrarlos de alguna manera, de contraste entre cultura académica y popular y de cultura de la élite y de las masas. Además, nos presenta la definición de otros conceptos fundamentales como subcultura y contracultura. Entre estos, destacaría la importancia del sentido objetivo para el debate filosófico, el cual, en contraste con la naturaleza, se puede entender como el conjunto de valores, normas y bienes que son creados por el hombre. Sin embargo, todas las acepciones del término van a tomarse en cuenta y cada vez que un autor desarrolle más un significado, Sobrevilla lo hará notar; además, explicará que no todos los filósofos, especialmente los primeros, tienen clara la distinción, al menos no en los mismos términos.

Su historia se remonta hasta la Antigua Roma, como ya habíamos mencionado, y por aquel entonces ya se utilizaba en sentido figurado; sin embargo, esto se opacará en la Edad media, y ahora la palabra colere solo se referirá, en tanto analogía, al cultivo de Dios y demás cuestiones sagradas. A principios del siglo XVI, Juan Luis Vives y Francis Bacon recuperan el sentido pasado de la expresión. Este último decía que la cultura animi era la parte de la ética que sometía nuestra voluntad a la moral, con el fin de alcanzar la felicidad. Otro que la creía imprescindible para ser felices era el moderno Samuel Barón von Pufendorf, quien fue el primero en abarcar los conocimientos y actividades que sirven para dominar nuestra naturaleza, así como el cuidado de los hombres. De aquí se derivan otras cosas, como que la cultura distingue a los humanos de los animales; y entonces surge una definición fundamental que luego definiría los rasgos semánticos más importantes del concepto: la cultura es todo aquello que no nos es dado por la naturaleza. Es el iluminismo francés quien plantea el sentido objetivo anteriormente mencionado, atribuyéndole incluso leyes que le son propias. Luego, Herder amplía sus significados, que van desde una hipotética “génesis del hombre” hasta la “humanidad” como proyecto progresivo; Lasaulx, por otra parte, nos habla de una cultura que comprende todo aquello que aumenta nuestra formación espiritual. Finalmente, Burckhardt, quien podría decirse que fue el fundador de la historia de la cultura, considera que la cultura es un pilar de la historia que abarca los desarrollos del espíritu humano tales como el arte, las tradiciones, las fiestas, la lengua, etcétera. Después de hacer el recorrido por el origen de la palabra, Sobrevilla empieza a establecer los fundamentos de aquello que podría considerarse filosofía de la cultura. El método científico no es, sin duda, el que posee este campo de estudio, sino la reflexión conceptual. La manera de abordarla podría dividirse en dos grandes grupos: primero, la reflexión sobre la cultura que tiene como objetivo aclarar los conceptos y sus relaciones, así como establecer todo aquello que corresponde a su estudio; así como las relaciones, evoluciones y surgimientos de culturas; y segundo, la reflexión sobre los fenómenos culturales desde una perspectiva filosófica. Además, menciona que encontramos también una filosofía práctica de la cultura y, como todo en filosofía, también tenemos problemas filosóficos específicos relacionados a la cultura.

Luego de haber realizado esta introducción, el filósofo peruano comienza a relatar la historia de la filosofía sobre la cultura como tal. Esta parte se divide en tres: la primera ola, la segunda ola y los estudios iberoamericanos. La primera ola fue representada por el neokantismo, Georg Simmel, Dilthey, Heidegger y la Escuela de Fráncfort. El neokantismo se caracterizó por ser el primero en proponer la reflexión de la cultura como punto fundamental y de partida. Windelband decía que todos los fragmentos de la cultura estaban determinados por la razón y no por los individuos. Rickert, otro neokantiano, opone las ciencias históricas (que abarcan el estudio de la cultura) de las ciencias naturales en lo que concierne a su objeto y método; estas últimas se dedicarían a las esencias universales, mientras que las primeras estudiarían asuntos individuales. También habría una diferencia entre ambas por el punto de vista que adoptan. Los objetos de la cultura se basan en valores que se estudian, no en forma de realidades, sino solo en tanto que valen. Los objetos reales que están influenciados por estos valores son a los que nosotros les llamamos cultura. Erik Cassirer, el filósofo de la cultura más importante en el ámbito kantiano, estableció que además de ser importante el autoconocimiento cognoscitivo, lo era también conocer el pensamiento lingüístico, el pensamiento religioso y el artístico, para de este modo poder convertir la crítica de la razón en una crítica de la cultura. Él pedía cuanto antes volver a la tradición humanista, después de haber entrado la humanidad, a su parecer, en un determinismo o fisicalismo excesivo que caracterizó a la generación posterior de los románticos. Su mayor tesis es que el ser humano es un animal simbólico. El siguiente filósofo es Simmel, quien partió desde una oposición entre la cultura objetiva y subjetiva y desarrolló una explicación de la crisis cultural contemporánea, la cual obedece a distorsiones de nuestra alma y su relación con el contenido de la cultura, provocados por formas sociales y conocimiento. Finalmente, la Escuela de Fráncfort retoma las premisas básicas del marxismo para desarrollar una nueva filosofía de la cultura; añade a ella un análisis sobre los conflictos que existen entre las formas de organización política y económica y la cultura de las personas (la poesía, la música, la lengua, etcétera). Además, Sobrevilla explica los problemas que plantean alrededor de la socialización del arte y la cultura en general, así como de la hegemonía cultural y la mercantilización de sus manifestaciones.

Entre la primera y la segunda ola se menciona a algunos filósofos españoles y latinoamericanos: Unamuno, Ortega y Gasset, Díez del Corral, Leopoldo Zea y Salazar Bondy. Unamuno creía que los males de España se debían a que hacía falta reafirmar los propios valores y reconocer el valor del medievo, del cual procedía el “alma española”; así, proponía un proyecto de hispanización de toda Europa. La vida y obra de Ortega y Gasset puede estudiarse en cuatro etapas, a lo largo de las cuales mantuvo un binomio entre cultura y vida. Primero mantuvo que la vida debía subordinarse a la cultura, y luego que la cultura debía subordinarse a la vida. Sostenía que debíamos recuperar la conducción espiritual de nuestra vida y recuperar una cultura auténtica que nos ha sido enajenada. Para Díez de Corral también fue apartada de Europa su esencia original y esta debía recuperarla. Su aportación principal fue que descubrió una “enajenación mental” detrás de este rapto, que incluso cambiaba la manera en que experimentábamos nuestras intuiciones. Leopoldo Zea estudia la relación entre las culturas hegemónicas y las subordinadas. Nos explica cómo las culturas periféricas han experimentado la pérdida de su “sentido de pertenencia” al ser establecidos como valores universales todos aquellos que constituían la cultura europea. Afirma que estas culturas marginales deben reivindicar su propia identidad. Finalmente, Salazar Bondy centró sus investigaciones en la dominación y la liberación. Para él, la cultura era el conjunto de las símbolos, valores y actitudes de un grupo humano; y distingue entre cultura auténtica e inauténtica. Según su reflexión, una cultura dominada es una cultura inauténtica debido a que sus valores no corresponden con las acciones que realizan, se crea una “cultura de la dominación”, inorgánica, carente de creatividad y portadora de conciencias alienadas. Cancelar las distinciones que privilegian ciertos aspectos culturales es el primer paso para fundar una “cultura de la liberación”, la cual reivindicaría la identidad de todas las personas.

La segunda ola, encabezada en este texto por Arnold Gehlen, Karl Popper y Jesús Mosterín, se caracteriza por dejar atrás el método especulativo y centrarse en los resultados que nos proporciona la ciencia; lo cual es, por alguna extraña razón, signo de reduccionismo para Sobrevilla. El conocimiento empírico les brinda a estos autores las herramientas necesarias para llevar a cabo su reflexión filosófica. El primero de ellos, Gehlen, se apega bastante a las teorías evolucionistas que en su tiempo estaban en auge. Para él, la cultura es «la esencia de la naturaleza transformada por (...) [el hombre] en algo útil para la vida». Es decir, no hay una distinción entre lo humano y lo natural, puesto que lo humano también es parte de lo natural; pero el humano posee, a diferencia del resto de los animales, una manera de sobrevivir en el entorno que le rodea, y esto es mediante la transformación o adopción del mismo, con acciones como la creación de herramientas. Además, para este autor la cultura es mantenida por instituciones, y las instituciones son algo que surge espontáneamente por medio de rituales, pero estas se transforman y nuestra relación con ellas se vuelve diferente con el paso del tiempo. Sobre Karl Popper no tenemos mucho, ya que nunca escribió directamente de cultura. Aun así, Jesús Mosterín y otros filósofos han interpretado su teoría de los tres mundos de tal manera que la cultura queda relegada como “el mundo de los contenidos de pensamiento objetivo”, que se diferencia del de los objetos físicos y del de la conciencia. Por último, Jesús Mosterín presenta la teoría, a mí parecer, más interesante. Para él la cultura es la información transmitida por medio del aprendizaje social, que se diferenciaría del transmitido genéticamente (el cual lleva por nombre ADN).