Opinión: ¿Se puede "censurar" el humor negro? (2019)

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Mauricio Pastrana Macías

Una de las respuestas a “acusaciones morales” más interesantes que se hace en internet, es la de excusarse con un simple: “Es solo un chiste, no te lo tomes tan en serio”. La mayoría de estos individuos suele llamarlo “humor negro”, y en esta presentación trataré de explicar este fenómeno, haciendo un breve recorrido histórico y simbólico del significado de esta expresión. El problema planteado en mi exposición, expresado en una pregunta, resulta como: “¿Es justificable la ‘censura’ del humor negro en internet y medios públicos?”, para el cual mi respuesta es, claramente, sí. Pero también hago algo al último: redefinir el sentido de esta pregunta y suprimir el concepto de “censura”.

Primero que nada, es imprescindible describir el origen del término mismo. Negro, en la cultura occidental, tiende a estar relacionado a los acontecimientos desgraciados, desdichados y prohibidos; por ejemplo, mercado negro se refiere al mercado de lo prohibido, de lo ilegal; alma negra y corazón negro significan que alguien posee sentimientos negativos o indiferentes; una racha negra es una mala racha, y el género negro en la literatura se refiere a los crímenes. Sería interesante indagar las causas por las que se utiliza este color y lo “oscuro” para referirse a lo trágico y a lo aciago pero, asumiendo esta definición popular para explicar el fenómeno, lo dejaré a criterio y curiosidad del lector. Sin embargo, podemos remontarnos a la Antigüedad, donde ya existía esta concepción y el humor negro hacía referencia a la melancolía llamada “bilis negra”, “un ingrediente del genio que en exceso daba origen a la locura”. De ese remoto entonces, en Occidente nace el humor negro entendido como aquel que se hace de la ironía y el sarcasmo para tocar temas que normalmente causan dolor y tristeza, temas repugnantes y prohibidos, con la intención de (y hago énfasis en esta palabra) criticar el estatus quo y los convencionalismos sociales de manera graciosa y divertida. La muerte es, desde luego, el tema central de este humor, y algunos hablan de un “espíritu relacionado con la necrofilia”. En México, el día de muertos es el ejemplar de este fenómeno más famoso, pues es un día en que las personas encaran a la muerte de manera festiva, graciosa, divertida; en México se celebra la muerte de manera burlona; y una de las costumbres que se tiene este día es elaborar lo que comúnmente se conoce como “calaverita literaria”, que es un breve texto en forma de verso que consiste en señalar ciertas cualidades negativas y positivas de las personas, fingiendo que están muertas, con el propósito de criticarlas de tal modo que sea gracioso. La caricatura política es también una expresión del humor negro muy famosa en México, además de relevante en su historia nacional, pues era subversiva y criticaba la sociedad y el gobierno de manera graciosa mediante dibujos que exageraban los rasgos corporales de sus personajes, además de añadir elementos metafóricos que la volvían aún más divertida. El humor negro, en palabras de Blanca Estela Ruiz, investigadora del Departamento de Estudios literarios de la Universidad de Guadalajara, “es una manera de sobrevivir la desgracia cotidiana y una manera también de criticar el orden existente. Surge en un territorio donde el bien y el mal, la vida y la muerte, la lógica y el absurdo, se tocan, se mezclan y se confunden en una audaz expresión casi herética contra lugares comunes, códigos y valores prestablecidos” (Ruiz, 2014).

A raíz de esta investigación podemos concluir una cosa: que el humor negro nos ayuda a enfrentar el dolor y que es necesario y natural que una sociedad exprese su sufrimiento e infelicidad de manera graciosa, festiva y subversiva. Sin embargo, el humor negro que inicialmente describí, y lo llamo humor negro porque así le llaman en internet, no se compara en absolutamente nada con este último. Es por esto que me he visto en la necesidad de crear una clasificación que describa las características de cada uno de estos y señale detalladamente sus diferencias.

Humor negro crítico, político y empático: Este humor se caracteriza por ir en contra del estatus quo, por encarar a las clases dominantes y por tener la intención de liberar a las personas de convencionalismos opresivos. Una persona que se hace de este humor toma en cuenta el dolor de las personas y, en un plano real, se ríe de las creencias, ideas, mentiras e hipocresías de los grupos de poder, convirtiéndolo en una herramienta política liberadora y positiva para la sociedad.

“Humor negro” violento, apolítico y egoísta: Este, que es el eje central de mi pregunta de si tiene sentido “censurarlo” o no, se refiere a toda aquella broma, burla y chiste sobre el dolor de las personas, visto desde una perspectiva apolítica, sin crítica social ni intenciones de atacar convencionalismos. Al contrario que el otro, este humor se hace desde una perspectiva conservadora y no tiene más que la intención de oprimir y violentar a los grupos vulnerables. Su impacto es peligroso puesto que, al ser simbólicamente violento, normaliza la opresión, el odio, y hasta justifica la llevada a cabo de la violencia en términos materiales.

A modo de conclusión y como señalé al principio, estoy completamente de acuerdo en “censurar” este último tipo de humor, que no hace nada más que perjudicar a los grupos oprimidos y violentados, volviendo un chiste su sufrimiento y no atacando la opresión como tal. Está completamente justificado “censurar” chistes sobre el aspecto físico de una persona indígena, o eliminar comentarios de bromas sobre la discapacidad visual de un ciego, que no hacen nada más que reforzar el rechazo y los prejuicios dirigidos a estas personas. Pero incluso me niego a utilizar la palabra “censura”, pues la censura es un arma política de violencia que atenta contra la libertad de expresión; y el caso de eliminar comentarios violentos no hace más que prevenir la violencia y eliminarla de medios donde su aparición puede ser alarmante y peligrosa, sin atentar a una supuesta libertad, que más bien es el ejercicio de la violencia simbólica.

Bibliografía:

Blanca Estela Ruiz. (2014). El lado luminoso del humor negro. Sincronía, 65, 92-103.