Sex and the City, edición Gaydalajara

20 de diciembre de 2020

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Si les dedico tanto tiempo, ingenio y esfuerzo a mis relaciones sexoafectivas con hombres, ¿por qué siguen fallando tan miserablemente? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal? Y, sin lugar a dudas, mi pregunta más grande: ¿por qué sigo priorizándolas?

Una de las cosas que más me hacen sentir bien, sin lugar a dudas, es el proceso de conocer a alguien, después el enamoramiento, las fantasías, la idealización y el sexo. Lo he experimentado tantas veces que ya he perdido la cuenta, pero cada vez es diferente y me hace sentir cosas nuevas, así que se ha vuelto uno de los pilares más especiales de mi vida, a los que procuro ponerles más atención.

Hace poco conocí a *censurado* por Tinder, hemos salido cuatro veces y una sola de ellas bastó para idealizarlo hasta el infinito, teniendo expectativas muy altas de mi descubrimiento. ¿Qué demonios sucede conmigo? ¿Por qué mi corazón imagina cosas tan irracionales y estúpidas? Supongo que es natural proyectarme a futuro con una persona, pero hacerlo tan aceleradamente para sentir cosas es una obsesión, sino que patológica, bastante indeseable y tóxica que no puedo controlar.

Esto no me podía llevar más que a una decepción, yo sabía que era así. Sin embargo, una pequeña luz de esperanza dentro de mí me hacía pensar que tal vez era posible, por lo menos, un noviazgo con él. Mis hormonas estaban como poniéndome a prueba, retándome a enamorarlo y después tener sexo con él, o al revés, da lo mismo. Sentí hermoso cuando su cabello rozó mi hombro la primera vez que se acostó en él, en la primera cita, y es una sensación por la que yo estaba dispuesto a hacer muchas cosas con tal de que se repitiera, o se intensificara.

Hoy me invitó a desayunar al Chai de Galerías, un lugar bastante fresa; para lo que me tuve que arriesgar, como el pendejo egoísta que soy, saliendo a comer en plena pandemia. No me gustó la comida, ordené cualquier cosa que vi –unas costillas duras que sabían como a mole con naranja–, yo solo quería hablar con él y volver a sentir lo que la vez que se acostó en mi hombro, sino que ya hasta le había agarrado algo de cariño y me gustaba tenerlo cerca. Dos días antes le compré unos chocolates y estuve dispuesto a regalarle una pintura, pero esa nunca se la entregué. Quería impresionarlo y que se llevara una idea especial de mí. Bueno, aún quiero.

Estamos en su casa luego de varias horas en el parque de juegos, pláticas, descansos bajo el sol y relajo. Acostados los dos en su cama nos ponemos a jugar Mortal Kombat 11 y comienza a haber contacto físico. Él es quien da los primeros pasos y parece disfrutarlo mucho, yo siento fuegos artificiales en el corazón, había esperado mucho tiempo este momento. Los límites sexuales los fue atravesando poco a poco: mientras insistía que yo jugara más partidas, él acariciaba mi bulto del pantalón. Así estamos más de 1 hora, solo sintiendo cómo juega con mis genitales por encima de la ropa.

Yo acariciaba su brazo y sus hombros, así como dos veces pasé mis dedos por su cintura bajo la playera roja que adornaba su figura, no tan cuidada pero muy atractiva. Estaba calientito y suave, no me dejaba concentrarme y perdí varias rondas en el juego. La verdad es que ya ninguno de los dos estaba al pendiente de las peleas, solo estábamos toqueteándonos el cuerpo.

Entonces, se levantó: ¿quieres cenar algo? A lo que respondí que no tenía tanta hambre. Después de eso, estuvo mirando unos minutos su celular y me dijo directa, fría y mamonamente: "Entonces será mejor que lo dejemos hasta aquí. Te acompaño a orientarte para que vayas por tu camión". Yo actué natural diciéndole que sí y me paré de la cama, salimos juntos y nos despedimos en un santiamén. Gracias por los chocolates.

Me fui desorientado, sin saber si había dicho algo mal o si simplemente no era su intención tener sexo esa noche. Aunque no me preocupaba el hecho de no haber cogido, sino que se hubiera despedido tan precipitadamente. ¿Dije algo mal? ¿Descubrió algo de mí que no le gustó? ¿Fui grosero rechazando su invitación a cenar? Con ayuda y el consuelo de mi amigo Alejandro 2, o más bien, 0.5, logré tomar un DiDi después de varias cancelaciones. Llegué a mi casa y Twitter tuvo que aguantarse mi bajón emocional toda la noche.

¿Por qué si tuve un día increíble y del que todo marchaba genial, ahora estaba llorando en mi habitación? ¿Cuál fue el sentido de todo el gasto de dinero, de arriesgarme, de ir lejos y de esforzarme por conquistarlo, si al final estaba sufriendo? A esto es a lo que me refería en el primer párrafo. ¿Cuál es el sentido de hacer tanto sacrificio si la recompensa parece nunca ser palpable, sino un momento efímero que a veces solo se queda en la memoria como ingenua fantasía?